El fundamentalismo occidental

Los occidentales nos jactamos de nuestras creencias. Las consideramos perfectas y miramos con desden a los pueblos que no comparten nuestro sistema lógico. Sin tapujos denostamos a todos aquellos que se mueven fuera de nuestra estructura y los tratamos de fundamentalistas, bárbaros o simplemente de raros. Nos es imposible ver nuestro propio fundamentalismo con respecto a nuestro “sacro santo e infalible" sistema de gobierno y mercado.
Hace dos milenios los romanos construían acueductos y pregonaban la “Pax” para “civilizar a los infortunados bárbaros cuyas culturas no podían ser comparadas con el esplendor romano”. Más tarde los cruzados sembraron el terror en medio oriente con la excusa de echar a los infieles de tierra santa. También en Europa hicieron lo suyo. El exterminio de los Cátaros y de otros grupos considerados como herejes no fueron hechos aislados ni menores.
Cuando en el siglo XV comienza la conquista del nuevo mundo, la tolerancia y el respeto no fueron la principal característica de los evangelizadores. “Los portadores de la buena nueva” no tuvieron muchos escrúpulos al momento de destruir civilizaciones y conocimiento científico. Una vez más el omnisapiente credo occidental mató y quemó. Pero según nuestros historiadores “sacó a los indios de la ignorancia y de la influencia del demonio”.
Varias centurias han pasado y la autocrítica a nuestras raíces ha sido bastante escasa.
Hoy en día continuamos con un discurso similar. Hablamos con menosprecio de los fundamentalistas, de todos aquellos que no quieren aceptar nuestro sistema “único modelo de desarrollo”.
Al mirar la historia es fácil percibir que occidente sigue el mismo mecanismo de imposición cultural que ha utilizado por siglos. Ya no son acueductos sino restoranes de comida rápida. La cruz y el evangelio fueron cambiadas por el mercado y el sistema de consumo.
Es sencillo criticar a quienes no podemos entender. Demuestra la ignorancia de quienes lo hacen. Sin embargo si occidente tuviese un poco de autocrítica se daría cuenta de que somos tanto o más fundamentalistas que muchos de los fieles musulmanes. En nuestras mentes no cabe duda que nuestro sistema es “casi perfecto y sobre todo universal”.
En pleno siglo XXI, cuando las palabras tolerancia y respeto son utilizadas en todo tipo de discursos. Las grandes potencias siguen tratando de “imponer la civilización a los bárbaros”.
Difícilmente se podrá llegar a algún tipo de acuerdo intercultural mientras no exista un respeto mutuo y la aceptación de la diferencia. Difícilmente se podrá alcanzar la paz mientras los líderes musulmanes por un lado y el presidente de los Estados Unidos por el otro: “escuchen la voz de dios instándolos a destruirse mutuamente”.
Hace dos milenios los romanos construían acueductos y pregonaban la “Pax” para “civilizar a los infortunados bárbaros cuyas culturas no podían ser comparadas con el esplendor romano”. Más tarde los cruzados sembraron el terror en medio oriente con la excusa de echar a los infieles de tierra santa. También en Europa hicieron lo suyo. El exterminio de los Cátaros y de otros grupos considerados como herejes no fueron hechos aislados ni menores.
Cuando en el siglo XV comienza la conquista del nuevo mundo, la tolerancia y el respeto no fueron la principal característica de los evangelizadores. “Los portadores de la buena nueva” no tuvieron muchos escrúpulos al momento de destruir civilizaciones y conocimiento científico. Una vez más el omnisapiente credo occidental mató y quemó. Pero según nuestros historiadores “sacó a los indios de la ignorancia y de la influencia del demonio”.
Varias centurias han pasado y la autocrítica a nuestras raíces ha sido bastante escasa.
Hoy en día continuamos con un discurso similar. Hablamos con menosprecio de los fundamentalistas, de todos aquellos que no quieren aceptar nuestro sistema “único modelo de desarrollo”.
Al mirar la historia es fácil percibir que occidente sigue el mismo mecanismo de imposición cultural que ha utilizado por siglos. Ya no son acueductos sino restoranes de comida rápida. La cruz y el evangelio fueron cambiadas por el mercado y el sistema de consumo.
Es sencillo criticar a quienes no podemos entender. Demuestra la ignorancia de quienes lo hacen. Sin embargo si occidente tuviese un poco de autocrítica se daría cuenta de que somos tanto o más fundamentalistas que muchos de los fieles musulmanes. En nuestras mentes no cabe duda que nuestro sistema es “casi perfecto y sobre todo universal”.
En pleno siglo XXI, cuando las palabras tolerancia y respeto son utilizadas en todo tipo de discursos. Las grandes potencias siguen tratando de “imponer la civilización a los bárbaros”.
Difícilmente se podrá llegar a algún tipo de acuerdo intercultural mientras no exista un respeto mutuo y la aceptación de la diferencia. Difícilmente se podrá alcanzar la paz mientras los líderes musulmanes por un lado y el presidente de los Estados Unidos por el otro: “escuchen la voz de dios instándolos a destruirse mutuamente”.

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