20060731

Ataque al Líbano: Objetivos y consecuencias




La reciente intervención israelí en el Líbano despierta ciertas dudas con respecto a los objetivos planificados por el gobierno de Olmert para la ejecución de esta operación.

Al tratarse de objetivos conceptuales y no geográficos, el análisis se dificulta y la interpretación de los datos se reduce a hipótesis probables.

La hipótesis más utilizada es la que la secretaria de estado norteamericana, Condoleezza Rice, esbozó durante su visita a Israel.

En ésta se define que la intervención hebrea pretende destruir físicamente a Hizbolla mediante la intervención militar. Además busca que el resto de la comunidad libanesa culpe a esta facción Shiita de los bombardeos y de esta manera limitar el apoyo interno a la guerrilla. En síntesis provocar un efecto dominó.

A primera vista esta teoría es bastante creíble. Pero al analizar la estructura étnica y religiosa es fácil percibir que es altamente improbable y que en caso de concretarse llevaría al Líbano a un escenario bastante similar al del comienzo de la guerra civil de 1982.

La composición religiosa libanesa es de un 60 por ciento de musulmanes y un 40 por ciento de cristianos. El porcentaje musulmán debe ser considerado fragmentado entre shiitas y sunnitas. De esta manera el apoyo a Hizbolla se ve reducido a una minoría. Esto también es visible en el parlamento, en donde los representantes cercanos al grupo pro iraní suman 35 de las 128 bancas; es decir un 27 por ciento.

De este porcentaje, la mayoría proviene del sur del país. Si es que el interés de Israel fuese restringido en términos de la destrucción de las fuerzas y medios de la guerrilla ¿por qué los ataques han sobrepasado la zona de operaciones de Hizbolla y se han bombardeado lugares en el norte del país, poblaciones civiles, el aeropuerto de Beirut y hasta una instalación de Naciones Unidas?

Otra de las hipótesis apunta a presionar a Siria para que defina su política internacional. Presionar a Assad para que tome una decisión entre continuar su apoyo a Irán y a los grupos shiitas o definitivamente se acerque al bloque occidental.

Pese a ser poco conocidos hay bastantes datos que sostienen esta teoría. El vuelo de aviones de la Fuerza Aérea israelí sobre el palacio de verano del Presidente sirio, menos de un mes antes del comienzo de las operaciones, pone de manifiesto una intencionalidad provocadora del gobierno de Olmert.

El desembarco de marines en las costas libanesas, pasó casi desapercibido. Sin embargo el hecho de que tropas norteamericanas se encuentren en la región, podría indicar algún grado de intervención estadounidense.


En este blog ya se ha escrito de la importancia estratégica que tiene Siria para el control del Medio Oriente. Si esta hipótesis fuera la correcta y Assad fuera el verdadero objetivo, se lograría aislar a Irán junto con establecer niveles de influencia desde el mediterráneo hasta Irak.

Aunque en la teoría cualquier proyección con respecto de este conflicto suene casi matemática, en la realidad las consecuencias son impredecibles.

El factor “X”, en una región tan convulsionada se magnifica a dimensiones insospechadas.

Países árabes relativamente cercanos a occidente como Egipto han mantenido silencio. Lo cual limita el análisis de los posibles cursos de acción de los antiguos enemigos de Israel en cuanto al supuesto de un estallido bélico entre Tel Aviv y Damasco.

A su vez, Assad ha sido bastante prudente y no ha emitido ningún juicio categórico con respecto del apoyo a Hizbolla y las consecuencias de los bombardeos. Lo que dificulta establecer cuál será la política siria ante el recrudecimiento de las hostilidades.

Cualquiera sea el caso, los efectos de este antiguo- nuevo conflicto son difíciles de prever. Sólo basta esperar que Olmert cumpla lo afirmado y el conflicto sea limitado tanto espacial como temporalmente.

20060718

Adiós al sueño libanés


Beirut era considerada París de medio oriente. El Líbano, orgulloso descendiente de los fenicios y testigo de gran parte de la historia de la humanidad. Tras años de una cruenta guerra civil había logrado superar la violencia. Después de la retirada de las tropas sirias, los libaneses miraban su futuro con esperanza.

Sin embargo, el sueño fue destruido. Nuevamente la antigua fenicia está en ruinas. Los incesantes bombardeos israelíes han destruido gran parte de lo construido, el miedo se apoderó de sus habitantes junto con el estruendo de los F-16 y el macabro silbido de los proyectiles lanzados por modernas piezas de artillería M-109.

La muerte se apoderó de sus montaña. Los bosques de cedros se tiñeron con la sangre de inocentes. Con temor los libaneses abandonan forzosamente sus ciudades en un éxodo masivo; dejan atrás una vida. Muchos son aniquilados en su camino a damasco por la fuerza aérea hebrea. Por el simple hecho de que a algún piloto le pareció que la columna de vehículos podría ser una amenaza.

Las imágenes de un Beirut devastado se asemejan con las transmisiones de la peor época de la guerra civil. Sin lugar a dudas, la mayoría de los libaneses hace tan sólo dos semanas pensaba que esto había quedado en el pasado.

Una vez más, la ONU y la comunidad internacional no han sido capaces de detener este genocidio. Tal vez a nadie le interese. Tal vez prefieran mantener un silencio cómplice antes de tener que enfrentarse con el potencial y la diplomacia israelí.

Es tiempo de que el mundo tome conciencia de los horrores que se están viviendo hoy, en este preciso instante, en el medio oriente. Los organismos no pueden seguir indiferentes ante las atrocidades que están siendo cometidas.

Es indispensable que Israel sea sancionado, al igual que muchos países que han cometido actos similares, incluso menores.

No es posible que la aplicación del derecho internacional sea arbitrario y unilateral. Es tiempo de perder el miedo y protestar en contra de quienes escudados en su poder: destruyen, asesinan y ponen en riesgo la estabilidad y la paz del mundo.

20060713

Violencia desproporcionada



La desproporcionalidad con que Israel ha actuado durante las últimas semanas, tanto en la franja de Ghaza como en el reciente ataque al Líbano manifiesta la intencionalidad del gobierno de Ehud Olmert de utilizar la violencia y rechazar cualquier tipo de negociaciones.

Probablemente para las facciones más ortodoxas israelíes, la vida de unos valga más que la de otros. De qué otra forma podría explicarse la violencia de las acciones y el desprecio por la vida de libaneses y palestinos.

El tipo de acción no tiene nada que envidiarle a las operaciones de la SS durante la Segunda Guerra Mundial. De hecho, es la misma lógica que utilizaron los Nazis después del asesinato de Reinhard Heydrich. En donde las fuerzas de ocupación alemanas arrasaron dos pueblos completos y mataron a miles de civiles inocentes.

Israel ha manifestado que mantendrá la ofensiva hasta que rescate a los soldados desaparecidos. Es decir no importa cuantos mueran; civiles, niños, ancianos, milicianos. Olmert debería leer con atención la Declaración Universal de los Derechos Humanos, junto con el Convenio de Ginebra y poner atención a las garantías y derechos que le son reconocidas a los no combatientes.

A su vez el bombardeo de territorio libanés, incluido el aeropuerto internacional de Beirut, desde cualquier punto de vista significa una violación flagrante al derecho internacional. Sin embargo, hasta el momento, ninguna nación occidental ha condenado los hechos. Ni siquiera se han pronunciado respecto de las victimas de esta acción desproporcionada y arbitraria.

Para justificar su violencia, Israel, habla de lanzamientos de Katiuska. Pero qué son unos obsoletos cohetes en contra de la potencia de fuego y organización de fuerzas armadas entrenadas y equipadas.

Cada día la paz se ve más lejos por culpa de la insensatez de grupos fundamentalista; tanto judíos como árabes, cuya visión estrecha sigue cobrando vidas humanas.

Israel no puede pretender la paz con esta metodología. La violencia indiscriminada sólo provocará más odio y más voluntarios para formar parte de los grupos extremos. Genera anticuerpos en la población civil y por supuesto más violencia.

El pueblo israelí debiese saber mejor que nadie que ni la muerte, ni la destrucción, ni la persecución pueden doblegar el corazón de un pueblo.

Si algún día se logra la paz en el Medio Oriente no será mediante la violencia sino que; el entendimiento mutuo, la aceptación de la diferencia y la integración social.
Pero mientras el gobierno de Olmert mantenga esta actitud genocida, terrorista. Lejana a cualquier política civilizada es imposible que se llegue a algún acuerdo.

20060702

El fundamentalismo occidental


Los occidentales nos jactamos de nuestras creencias. Las consideramos perfectas y miramos con desden a los pueblos que no comparten nuestro sistema lógico. Sin tapujos denostamos a todos aquellos que se mueven fuera de nuestra estructura y los tratamos de fundamentalistas, bárbaros o simplemente de raros. Nos es imposible ver nuestro propio fundamentalismo con respecto a nuestro “sacro santo e infalible" sistema de gobierno y mercado.

Hace dos milenios los romanos construían acueductos y pregonaban la “Pax” para “civilizar a los infortunados bárbaros cuyas culturas no podían ser comparadas con el esplendor romano”. Más tarde los cruzados sembraron el terror en medio oriente con la excusa de echar a los infieles de tierra santa. También en Europa hicieron lo suyo. El exterminio de los Cátaros y de otros grupos considerados como herejes no fueron hechos aislados ni menores.

Cuando en el siglo XV comienza la conquista del nuevo mundo, la tolerancia y el respeto no fueron la principal característica de los evangelizadores. “Los portadores de la buena nueva” no tuvieron muchos escrúpulos al momento de destruir civilizaciones y conocimiento científico. Una vez más el omnisapiente credo occidental mató y quemó. Pero según nuestros historiadores “sacó a los indios de la ignorancia y de la influencia del demonio”.


Varias centurias han pasado y la autocrítica a nuestras raíces ha sido bastante escasa.

Hoy en día continuamos con un discurso similar. Hablamos con menosprecio de los fundamentalistas, de todos aquellos que no quieren aceptar nuestro sistema “único modelo de desarrollo”.

Al mirar la historia es fácil percibir que occidente sigue el mismo mecanismo de imposición cultural que ha utilizado por siglos. Ya no son acueductos sino restoranes de comida rápida. La cruz y el evangelio fueron cambiadas por el mercado y el sistema de consumo.

Es sencillo criticar a quienes no podemos entender. Demuestra la ignorancia de quienes lo hacen. Sin embargo si occidente tuviese un poco de autocrítica se daría cuenta de que somos tanto o más fundamentalistas que muchos de los fieles musulmanes. En nuestras mentes no cabe duda que nuestro sistema es “casi perfecto y sobre todo universal”.

En pleno siglo XXI, cuando las palabras tolerancia y respeto son utilizadas en todo tipo de discursos. Las grandes potencias siguen tratando de “imponer la civilización a los bárbaros”.

Difícilmente se podrá llegar a algún tipo de acuerdo intercultural mientras no exista un respeto mutuo y la aceptación de la diferencia. Difícilmente se podrá alcanzar la paz mientras los líderes musulmanes por un lado y el presidente de los Estados Unidos por el otro: “escuchen la voz de dios instándolos a destruirse mutuamente”.